Existen ciertas situaciones en las que las figuras del consumidor y del comprador no se identifican; un ejemplo de ello lo constituyen los alimentos infantiles o aquellos elaborados con el objetivo de alimentar a mascotas. En estos casos, las disciplinas del marketing y la publicidad han de trabajar de una manera más entusiasta y creativa, han de posicionarse a la altura de las circunstancias.

A pesar de que sean los adultos los que compran los productos infantiles, los creativos y especialistas en marketing procuran guiñar un ojo al consumidor, es decir, al niño. Un packaging atractivo, la asociación del producto que se pretende comercializar con otro afín y conocido por los más pequeños -como series de dibujos animados, por ejemplo-, o la fidelización por regalos bastan para que un niño desee consumir un producto determinado. Estas son algunas de las estrategias que ayudan a las empresas a aumentar sus ventas. Ahora bien, si estas estrategias funcionan con los niños, ¿Por qué no utilizarlas también con esos pequeños y peludos consumidores que también forman parte del hogar?

Fue Jeremy Bentham, en el año 1789, el que afirmó en su obra ‘Los principios de la moral y la legislación’ que “un perro puede razonar y comunicarse mejor que un infante de un día o de una semana, o incluso de un mes”. Los creativos publicitarios le han acabado dando la razón a este pensador londinense, como demuestran las últimas tendencias en anuncios y campañas de alimentos para animales, elaboradas con el objetivo de inquietar a la propia mascota.

Basta con estudiar al consumidor, sus hábitos, sus preferencias, sus maneras de percibir y, en resumen, sus determinaciones naturales para confeccionar estrategias de marketing efectivas. El olfato es el sentido por excelencia en los canes, por ello las campañas de marketing alimentario para perros más novedosas de los últimos años utilizan el aroma de la comida como reclamo: Affinity lo hizo en Alemania hace apenas siete años con unos paneles publicitarios que ocultaban comida real; la marca Wagg también apostó por incorporar publicidad olfativa orientada a perros, pero esta vez con fragancia. De estos ejemplos se concluye que el denominado marketing olfativo también se aplica a las mascotas.

Pero el marketing no sólo crea basándose en el olfato canino, sino que también el oído es un sentido privilegiado en estos animales: Holanda fue el escenario que el año pasado acogió la campaña de la marca de alimentación para mascotas Bonzo, cuyos creativos dieron vida a unos carteles publicitarios que rezaban ‘Ladra si te gusta Bonzo’. Estos anuncios emitían un sonido ultrasónico cada diez segundos sólo perceptible para ciertos animales, entre los que se encontraba el mejor amigo del hombre.

La estrategia publicitaria que consiste en vender la experiencia está empezando a cobrar un sentido especial también en el reino animal. Si funciona en el humano, ¿Por qué no intentarlo en los animales? Los compradores de alimentos para mascotas no suelen ser fieles a la marca, quizá porque ellos no son los que consumen sus productos. Lograr la fidelización del consumidor, es decir, de la mascota, es todo un reto al que se enfrenta el marketing en nuestros días.

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