Cualquier empresa que se precie dispone de una serie de estrategias de motivación que aplica a sus profesionales o empleados; las empresas relacionadas con los sectores de la gastronomía y la hostelería no son una excepción.

Las estrategias de motivación del personal encierran en gran medida el secreto del éxito empresarial: Un equipo de trabajo motivado es una estructura laboral que se sentirá realizada y se propondrá alcanzar metas cada vez más importantes. En el ámbito del negocio hostelero, este hecho implica un servicio excelente al comensal, y por tanto, una mayor satisfacción del cliente y de sus expectativas.

Gerencia y motivación

El ambiente en el que se desarrolla el trabajo, las relaciones interpersonales, o el reconocimiento del trabajo bien hecho por parte del cliente y de los compañeros son factores que ponen su grano de arena en eso de la motivación del personal laboral, es decir, crean estados de ánimo positivos que repercuten en el buen funcionamiento del negocio. Ahora bien, esa motivación ha de trabajarse día a día desde la gerencia.

Las personas poseen por naturaleza capacidad de auto-motivación; esta idea tan básica deberá de ser tenida en cuenta por el gerente o encargado del negocio hostelero. En este sentido, éste último será siempre una persona asertiva, con una inteligencia emocional que le permita promover en los trabajadores esa auto-motivación y evitar -o eliminar- las actitudes negativas que en nada contribuyen al éxito empresarial.

Creación de objetivos

Una vez que el gerente ha reconocido los motivos o causas de la auto-motivación de sus trabajadores es preciso crear estrategias de motivación en función de esas causas. A pesar de que cada ambiente laboral es un universo diferente, existen una serie de medidas que se pueden proponer y aplicar de manera genérica, como por ejemplo evitar en la medida de lo posible la rutina, proponer nuevos objetivos que refuercen la seguridad y la autoestima, promover el buen ambiente laboral mediante acciones corporativas internas (actividades y acontecimientos creados para el disfrute de los trabajadores y sus familias), premiar el trabajo bien hecho o delegar ciertas responsabilidades con el objetivo de que se sientan como una parte integrante de la empresa.

La motivación no cuesta dinero y constituye el motor principal que pone en marcha la productividad; llevar a cabo todas estas acciones sólo depende del buen hacer del gerente, de sus capacidades de empatía e imaginación.

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