El poeta y escritor portugués Fernando Pessoa definía la poesía como la capacidad de encontrar en lo cotidiano el misterio de lo desconocido; algo similar ocurre con las campañas de marketing de Coca-Cola que, con la materialización de ideas sencillas y cotidianas, alcanzan una originalidad muy buscada y elevan a la marca a la brillantez creativa.

Fiel a la estrategia tan utilizada por las grandes marcas de venta de experiencia, Coca-Cola ha vuelto a sorprender con la última idea que han tenido sus creativos, una idea que ha consistido en llevar el verano a un lugar tan frío como es Suecia: La multinacional que se vende como ‘fábrica de la felicidad’ ha recreado el ambiente veraniego en un escenario tan frío como son las calles suecas gracias a la agencia sueca de publicidad IUM.

Máquina de la felicidad

No es la primera vez que Coca-Cola utiliza sus máquinas expendedoras para crear simpáticas y originales campañas de Street Marketing. En esta ocasión, la firma originaria de Atlanta ha optado por provocar una reacción emocional entre los consumidores que tiene en una de las ciudades más grandes de Suecia, Uppsala.

En concreto, el escenario escogido por Coca-Cola ha sido una parada de autobús rodeada de unas circunstancias muy específicas: Una noche de diciembre con una temperatura de 4º centígrados. Entre estas características tan frías y especiales (a 185 días de distancia del verano sueco), los creativos de Coca-Cola colocaron una máquina expendedora con una característica muy especial que consistía en recrear el verano con imágenes, colores y sonidos cada vez que un viandante se sentaba en la parada de autobús en la que estaba insertada.

Asociación de conceptos

La máquina no sólo se encendía de repente ofreciendo una experiencia veraniega única, sino que además ofrecía al usuario de la parada su conocido refresco, una Coca-Cola. Al cogerla, el consumidor podía ver en el suelo y demás superficies imágenes que se proyectaban sin cesar y traían reminiscencias veraniegas: El gélido invierno de Uppsala desaparecía por unos minutos gracias a la máquina expendedora de Coca-Cola, que una vez más asociaba el conocido refresco a momentos felices y agradables.

Una vez más, y cual poeta que se precie, Coca-Cola ha tomado algo cotidiano y lo ha transformado en algo sublime. ¿Arte o marketing?

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