El escritor y ex-ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Manuel Pimentel ha participado esta mañana en los ‘III Encuentros BIA 3’. Se trata de una iniciativa de la consultora especializada en el sector agroalimentario BIA3 Consultores, que ya va por su tercera edición, en la que invitan a personas reconocidas del sector para reflexionar sobre temas de candente actualidad. En esta ocasión, bajo el nombre “La venganza del campo”, Pimentel ha abordado la situación actual por la que atraviesa el sector agroalimentario en este contexto inflacionista. Antes de comenzar la conferencia, Pimentel dedicaba unos minutos a nuestro medio.

 

  • La conferencia que vamos a escuchar hoy se titula “La venganza del campo”. ¿Usted dice que la venganza tarde o temprano tenía que llegar? ¿Por qué?

Sí. La venganza del campo claramente es algo alegórico, metafórico, pero que encierra una verdad bíblica inexorable de la historia. Si tú abandonas el campo, desprecias a sus productores, olvidas las inversiones necesarias, pues al final el campo se venga, como siempre lo hizo, con escasez de alimento. Lo que significa estanterías vacías y precios mucho más caros. Estos precios han llegado para quedarse.

 

  • Usted reivindica el importante papel que desempeñan los productores, los agricultores…¿Hoy en día está valorado este sector? ¿O es el gran olvidado? 

No solamente está olvidado, es algo peor, está despreciado. La sociedad es una sociedad urbana con valores urbanos, que ha ido adaptando a lo largo del tiempo valores que, en principio, son positivos como el amor a la naturaleza, sostenibilidad, etc. Pero lo que han creído es que el campo es hermoso, lleno de animales y un lugar donde pasear los fines de semana. Y, por eso, molesta la actividad agraria. Los tractores, invernaderos, regadíos, silo, granjas, naves… Les molesta porque les fastidia el imaginario de campo que ellos tienen que es pasear tranquilamente. 

Por eso, no solamente es que hoy en día la sociedad urbana ignore o lo desprecie porque lo considera primario, básico o no al gusto de los tiempos, sino que encima le está teniendo una cierta inquina porque fastidia la visión idílica que se han hecho del campo. Al final todo eso tiene siempre la misma lectura. ¿Qué va a pasar? Menos alimento y más caro.

 

  • ¿La pandemia no supuso un punto de inflexión para que el sector agroalimentario fuera más valorado? Porque fue uno de los sectores que hizo grandes esfuerzos porque llegará el alimento a todos los rincones.

Los productores llevan décadas haciendo un gran esfuerzo. En circunstancias de precio muy barato, de márgenes muy reducidos, siempre han luchado. Y la pandemia fue un caso muy claro. 

Pero no lo olviden. En el fondo, la sociedad urbana cree que la comida es algo que aparece por generación espontánea en el anaquel de un supermercado. No, no conoce lo que hay detrás, no le importa. Y además viene acostumbrada al momento histórico de precios más bajos. Es decir, desde los 90 hasta muy recientemente, hemos pasado el período histórico de precios más bajos. 

Pero, a día de hoy, todavía no la valora. No es consciente que alguien tiene que producir los alimentos que consume. El valor de procesamiento lo ha olvidado la sociedad urbana e incluso los propios agricultores, que se reivindican como muchas cosas, pero no como su función básica, esencial, proverbial, que es la de proveernos de alimento.

 

  •  ¿En qué momento se encuentra el campo español? 

En el campo estamos ahora mismo viendo una situación un poco histérica. Es verdad que los precios suben, estamos cobrando más dinero, pero también es verdad que los costes han subido en mayor proporción. Y entonces nos vemos señalados por una sociedad que protesta porque los precios agrarios se encarecen, pero al mismo tiempo nuestras cuentas de resultados se disminuyen.

¿Por qué esta histeria? Mientras no comprendamos que producir alimentos es una necesidad estratégica de primer orden, por encima incluso de políticas energéticas, porque si no comemos, nos morimos. Mientras no asumamos eso como principio básico, el campo no va a cambiar y se vengará con precios altos y escasez de alimentos.

 

  • ¿Los precios que estamos viendo en estos momentos que no paran de subir, van a seguir subiendo? ¿Nos vamos a tener que acostumbrar a que la cesta de la compra sea cada vez más cara?

Al campo se le están poniendo muchos requisitos. Además, la globalización se ha roto y, por lo tanto, los alimentos no van a entrar de otros lugares tan baratos. Amén de todo eso abría que añadoir el impuesto al plástico, limitación de abonado, una PAC que pondera la no producción… Un montón de cuestiones que hace que la actividad agraria se esté encareciendo. Por tanto, es la propia sociedad la que ha decidido, mediante normas, encarecer la producción agraria. Los precios van a subir. O sea que no, no hay alternativa. 

Ahora bien, ¿los precios son caros o baratos respecto a qué? Si tú miras el peso de los alimentos en la cesta de la compra, que sería el único indicador objetivo, hasta los años 80 era muy superior al que es ahora. Quiere decir que los precios han subido mucho frente a lo mínimo que hemos tenido estos años atrás, pero todavía están baratos frente a los que tuvimos hasta los años 90. 

¿Qué quiere decir? Y yo haría una apuesta personal. La media de precio agrario va a continuar subiendo. Y la culpa no la tienen los agricultores. La tiene el conjunto de factores que ha hecho que el campo se empiece a vengar y va a continuar vengándose. El campo tiene paciencia, pero no olvida.

 

  • Estamos viendo como en Francia, los supermercados y el gobierno han llegado a un acuerdo para «topar» el precio de los productos básicos. ¿Cómo ve esta medida? ¿Debería España llegar a un acuerdo con las cadenas para topar también el precio de los productos? Eroski ya ha comenzado a realizarlo de manera unilateral, a costa de sus márgenes.

Todo eso es palabrería y política de cara a la galería. Si no hay alimento, el alimento va a subir de precio. Si Eroski o quién sea no quiere pagar el precio de mercado, se quedarán sin poder abastecer. Toda esa política de control del precio está muy bien para los que anhelan convertir esto en Venezuela o Argentina. Este tipo de países en el que, de repente, todo el mercado no existe y por tanto sigue otra regulación. 

Pero esto no es la vía. Hemos tenido precios muy baratos hasta hace poco y eran los mismos supermercados y los mismos agricultores. La vía, en el fondo, es que haya más producción y si hay más producción y se distribuye menos y de forma óptima, los precios se ajustarán. Si tú castigas la producción vía precio, vía regulación, vía desprecio, al final es menos oferta y los precios suben. 

Por tanto, no es la vía justa. Lo de contener el precio es un error histórico. Esa es la garantía de la catástrofe alimentaria. Limita el precio y al final el agricultor no lo va a producir porque se va a la ruina, con lo cual desaparecen del mercado, se encarecen tremendamente.

 

  • ¿Cuáles cree que son las medidas que se deben tomar para mejorar o estabilizar esta situación? 

Percatarnos de la función esencial de la producción de alimento. Igual que queremos aspirar a la soberanía energética, tenemos que aspirar a la soberanía alimentaria que conlleva que las políticas se vuelquen en producir, no en limitar producción. Es que parece mentira, pero las políticas están en limitar producción, abandono de tierra, castigos, impuestos, limitaciones. Simplemente con ese pequeño giro, ya todo volverá a tener sentido. 

Un ejemplo de ello son los trasvases. El castigo que hay para trasvasar agua porque es anti ecológico. Sí, es una tubería. Pero cuando vamos a atravesar con gasoductos, oleoductos o ahora, por ejemplo, el tubo del hidrógeno que va a ir de Portugal hasta Francia, todo el mundo lo ve bien, no hay problemas ecológicos. ¿Qué quiere decir esto? Pues que se sigue castigando mucho al campo. Simplemente, si dejáramos de hacer una política contra el campo y asumimos que la producción agraria es fundamental, cambiaría esto. 

Esto no es un tema de medidas técnicas porque técnicas hay muchas. Es una medida de sociología política y cultural. Tenemos que volver a una sociedad que valore la producción de alimentos. Si no lo hace: escasez y más precio.

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