El riesgo de desertificación aumenta sobre todo en las zonas áridas y semiáridas, debido entre otros factores al mal uso del agua y del suelo, según el biólogo Fernando Maestre Gil, que recomienda avanzar en la descarbonización, limitar el regadío y repensar el urbanismo sin zonas verdes.

Fernando Maestre Gil ha recibido numerosos premios por su trabajo en el área de la biodiversidad y la ecología de las zonas áridas, entre los que destacan el Premio Nacional de Investigación ‘Alejandro Malaspina’ en el área de Ciencias y Tecnologías de los Recursos Naturales 2022, el Premio Rei Jaume I en Protección del Medio Ambiente 2020, y es además investigador distinguido de la Universidad de Alicante (UA).

También destaca por sus contribuciones de relevancia internacional respecto a los impactos del cambio climático en los ecosistemas terrestres y la desertificación.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27) que se celebrará este año en Egipto no parece demasiado prometedora, según este experto de la localidad alicantina de Sax.

«Si nos atenemos a los resultados de todas las COP anteriores, siempre hay muy buenas palabras y muchos compromisos, pero luego, a la hora de la verdad, no se implementan en la práctica o con la velocidad necesaria para que sean realmente efectivos», ha dicho.

Avanzar en la descarbonización

Y ha añadido: «Soy un poco escéptico de que los acuerdos (de la COP27) realmente nos pongan en el camino correcto, sobre todo porque estamos yendo mucho más despacio en la descarbonización de nuestra economía y de nuestro modo de vida de lo que deberíamos y, por ende, no estamos siendo capaces de regular las emisiones de gas de efecto invernadero y de limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados como se estableció en el Acuerdo de París (2015), un objetivo que es difícilmente alcanzable».

El trabajo de Fernando Maestre Gil ha sido integral en el desarrollo del paradigma de la formación de las zonas áridas. Esta forma de pensar ha sido utilizada posteriormente por las Naciones Unidas para tomar decisiones a la hora de planificar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que afectan específicamente a las zonas áridas de todo el mundo.

«El riesgo de desertificación está aumentando en nuestro país: este verano se ha desecado el Parque Nacional de Doñana (Andalucía), el de las Tablas de Daimiel (provincia de Ciudad Real) se halla en un estado crítico y otros parajes semiáridos de la Península Ibérica menos conocidos pero de gran valor ecológico, como el oasis del Río Aguas, en Almería, están desapareciendo. Estos son ejemplos claros de desertificación», ha subrayado el también director del Laboratorio de Ecología de Zonas Áridas y Cambio Global de la UA.

Ha confirmado que «el cambio climático» y «el incremento de las temperaturas y de la aridez que trae asociado, así como los cambios en el régimen de precipitaciones y el aumento de la frecuencia de sequías cada vez más intensas no ayudan» y propician la desertización.

Limitar el regadío

«Ahora bien, el principal factor que está desertificando nuestro territorio es el mal uso que estamos haciendo de dos recursos claves, el agua y el suelo, sobre todo, en la agricultura intensiva de regadío», ha indicado.

Fernando Maestre Gil ha opinado que el regadío es «uno de los principales agentes» que están desertificando el territorio debido a la «degradación de un recuso básico, el agua», con la sobreexplotación, contaminación y salinización de los acuíferos en muchos casos, y ha concretado que la agricultura «gasta casi el 80 % de todo el agua» que se consume en nuestro país.

«Sinceramente, nos tenemos que plantear sí o sí el limitar el regadío, porque no podemos seguir gastando agua de la manera en la que hemos ido gastando y porque estamos agotando, contaminando y sobreexplotando un recurso fundamental para la vida y nuestro desarrollo», ha apuntado.

Este experto ha recalcado: «Nos estamos quedando sin agua para el consumo humano, como está sucediendo en numerosos pueblos y ciudades de nuestro país, que ya empiezan a tener problemas de abastecimiento a causa no solo a sequías como la que llevamos padeciendo durante estos dos últimos años en numerosas partes de España, sino también al consumo excesivo y en numerosas ocasiones descontrolado -debido a las captaciones ilegales de agua- y la contaminación por nitratos y pesticidas que ocasionan actividades como la agricultura intensiva de regadío y las macrogranjas».

Más árboles y sombra en pueblos y ciudades

Este investigador no sólo propone seguir descarbonizando como forma de reducir los efectos del cambio climático, sino que también sugiere reducir el consumo de agua.

«Una de las medidas de adaptación clave» frente a los «escenarios de menor disponibilidad hídrica» que se prevén es «intentar salvaguardar, en la medida posible», nuestros recursos hídricos, ha especificado.

A su juicio, otra línea de actuación «muy importante», a nivel local, es dotar a los pueblos y ciudades de «muchas más zonas verdes y de mucha más sombra», así como reducir «la cantidad de coches que transitan por nuestras urbes».

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