En la actualidad se acusa a los niños de que no salen de casa, los padres los miran con hastío y con tristeza, ya que recuerdan su pasado y tienen muy presentes las largas jornadas de primavera y verano en las que salían al patio del colegio para jugar con todos sus amigos a una gran variedad de juegos infantiles. También recuerdan con nostalgia como esperaban el timbre para poder ‘librarse’ del colegio y jugar con toda la ‘panda’ en la calle a miles de juegos ideados por una imaginación viva y excelsa.

Por otro lado, estaban las madres y las abuelas que tenían que lidiar con niños que no paraban quietos ni un segundo, que nada más llegar a casa tiraban la mochila sobre la cama o sobre el sofá y se marchaban corriendo con un ‘hasta luego’ para volver al anochecer con las rodillas de los pantalones rotos. Una de las imágenes de estos tiempos es la madre o la abuela corriendo tras el niño e instándole a que se comiera el bocadillo a la hora del recreo, bocadillos en los que triunfaba el chorizo Rrevilla.

Revivir el pasado

Revilla consiguió reunir a más de 1.000 personas, entre padres e hijos, que participaron en el homenaje a los juegos y al bocata que marcaron a toda una generación. Todos ellos participaron en lo que se denominó el Recreo Revilla, un homenaje a los juegos clásicos de los años ochenta que marcaron a toda una generación.

Para reunir a todas estas personas se adecentó el Hipódromo de la Zarzuela de Madrid y se convirtió en un patio de recreo escolar donde niños y mayores jugaban al pañuelo, a la rayuela o al escondite, además esta iniciativa sirvió para que muchos niños conocieran esta clase de juegos y abandonaran los videojuegos alienantes. Muchos padres enseñaron y adiestraron a sus hijos en el arte del campo de chapas o a las canicas.

Los presentes también pudieron construir grandes esculturas de lego, competir con dos maquetas gigantes de Scalextric e incluso se ofrecieron varias salas con los recreativos de antaño, en los que se volvieron a escuchar las melodías clásicas del comecocos, el space invader o el tetris. A las 12 de la mañana, todos los asistentes realizaron un descanso para comerse un bocadillo y revivir así el clásico recreo de la EGB.

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