El papel que desempeña la publicidad dentro de una firma es tan importante como el producto que comercializa, y un ejemplo de ello lo constituye Coca-Cola. Hace ya más de un siglo desde que aquella bebida negra, dulce y única nació un ocho de mayo de 1886 de la mente y las manos de John Pemberton en la ciudad de Atlanta, situada en el estado norteamericano de Georgia.

En pleno siglo XXI, Coca-Cola protagoniza las conversaciones de millones de consumidores situados en cientos de países, unos consumidores que son expuestos de manera diaria a un bombardeo constante de imágenes, sonidos, ideas y emociones que recuerdan que Coca-Cola es el sinónimo de los momentos felices.

Origen y notoriedad de marca

Si durante sus primeros años de existencia Coca-Cola se daba a conocer con lemas que aludían a sus características, como aquel que rezaba algo así como “Coca-Cola, ¡Deliciosa! ¡Refrescante! ¡Estimulante! ¡Vigorizante!”, a principios del siglo XX ese lema se redujo a “Beba Coca-Cola. Deliciosa. Refrescante”; los locales, las carreteras, los relojes, los marcadores de páginas y hasta la recién estrenada radio se encargaban de recordar al consumidor, una y otra vez, la existencia de un refresco innovador y único. El objetivo a alcanzar no era otro que la notoriedad de marca, el branding.

El camino de la felicidad

Fue también a principios del siglo XX cuando Coca-Cola comenzó a divisar un nuevo horizonte y a establecer los orígenes de lo que más tarde se convertiría en una de las estrategias comunicativas de la marca: el deporte y la felicidad.

Tras años y años de trabajo creativo, Coca-Cola ha acabado convertida en sinónimo de fábrica de felicidad. El producto nacido al auspicio de un químico y farmacéutico ha acabado convertido en lo que es en la actualidad, uno de los refrescos más populares en el planeta, un refresco asociado a los hábitos de vida cotidianos, a los momentos felices y familiares, a los valores corporativos más edulcorados que se puedan imaginar escondidos tras imágenes, sonidos e historias que emocionan.

Lejos de lo que se hubiera podido esperar, Coca-Cola no conoce qué es la canibalización, ni los números rojos; muy lejos de ello, ha sabido adaptarse a los tiempos y lugares, ha encontrado como pocas firmas el camino hacia una comunicación publicitaria óptima que, de vez en cuando, también ha sido salpicada por polémicas.

¿Quién no recuerda haberse emocionado con algún anuncio de Coca-Cola?

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